«Una cosa es tocar un tema, o montar un repertorio, pero algo totalmente distinto es crear prácticamente un nuevo lenguaje musical, que es lo que se logró con Kind Of Blue».

Si alguien quiere acercarse al mundo del jazz nada mejor que escuchar Kind of Blue. Porque Kind of Blue es “el disco de jazz” por antonomasia. ¿Y qué tenía ese vinilo para convertirse en la obra cumbre de este estilo de música en sus ciento y pico años de historia? Pues en primer lugar la reunión de tres de los más grandes genios que ha dado el panorama musical del siglo XX: Miles Davis, John Coltrane y Bill Evans, arropados por otros grandes de la talla de Cannonball Adderley, Paul Chambers o Jimmy Cobb. Pero una reunión de genios no garantiza una obra maestra, los egos pueden enfrentarse y llevar al desastre. ¿Qué sucedió entonces para que la chispa de la genialidad sacuda todos y cada uno de los surcos del vinilo? (o de los bits del CD). Pues creo que sólo hay una palabra que pueda expresarlo: MAGIA. Esa magia que no se puede explicar con palabras y que hace que toda obra maestra pase por encima de épocas, modas, gustos y opiniones y acabe por convertirse en aquello a lo que cualquier persona cabal y con un mínimo de buen gusto no tiene más remedio que acabar por rendirse.
Si hemos de hacer caso a la leyenda, parece ser que cuando los músicos entraron en el estudio, una antigua iglesia al sur de Manhattan, para empezar a grabar no habían ensayado y casi ni siquiera sabían lo que iban a tocar. Y ahí surgió la chispa, es decir, la magia, o como diría Coltrane, el amor supremo. Esa magia que hace que el disco siga sonando hoy, cincuenta años después de su grabación, igual de fresco, moderno y potente que el día que salió a la venta.

Kind of Blue recoge toda la tradición anterior de la música de jazz, la resume, la recicla y señala la evolución del jazz para las décadas siguientes. En otras palabras: nada habría sido igual en la historia de la música si Kind of Blue no hubiese existido. Pero hay algo más que va mucho más allá de la técnica musical o del puro estudio erudito y es que Kind of Blue emociona, sacude el alma a cada escucha. Siempre se le encuentran matices diferentes y nunca cansa, incluso aunque uno no haya escuchado demasiada música interesante a lo largo de su vida.
Se podrían decir muchas más cosas de este disco. Pero es mucho mejor colocarlo en el reproductor y dejarse llevar. Con sólo escuchar el bajo de Paul Chambers atacando los primeros compases de So What, entenderéis lo que quiero decir.



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